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jueves, 2 de junio de 2016

Libro "La nueva relación comercial de América Latina y el Caribe con China: ¿integración o desintegración regional?"

Se estudian los casos de:
ALC (Samuel Ortiz Velásquez y Enrique Dussel Peters)
CAN (Germán Umaña)
MCCA (Randall Arce Alvarado)
CARICOM (Raymer Díaz)
MERCOSUR (Celio Hiratuka)
TLCAN (Enrique Dussel Peters y Samuel Ortiz Velásquez)


viernes, 22 de abril de 2016

¿CAPITAL HUMANO?

Juan Salazar Vázquez 
José C. Valenzuela Feijóo 

Durante la Edad Media europea, la escolástica medieval (codificada por Santo Tomás de Aquino), funcionó como el núcleo de la ideología dominante. Las formas económicas y políticas del feudalismo, encontraban en ella, justificación y elogio. En la actualidad, ya avanzando en el siglo XXI, tales funciones las ha pasado a cumplir la ideología económica neoclásica (popularmente conocida como “neoliberalismo”). El capitalismo contemporáneo, monopólico, imperial y financiero, se afirma en ella para justificar su irrestricta dominación. Este corpus ideológico posee múltiples aristas. Una de ellas, especialmente popular, es la noción de “capital humano”. 
¿Qué se entiende por “capital humano”? La referencia inmediata es a la calificación de la fuerza de trabajo. O sea, años de estudios formales y de experiencia laboral, los que se traducen en eficiencia laboral, en “saber hacer las cosas”. Luego, como consecuencia, en mayores ingresos para la fuerza de trabajo más calificada. O sea, entre el nivel de los salarios (ingresos) y nivel de educación, se daría una fuerte correlación. Lo cual, en principio, se podría aceptar. Pero emerge la pregunta: ¿por qué hablar de “capital humano” y no de “calificación de la fuerza de trabajo”? 
En esto, observamos una falacia mayor que para nada es inocente. Es decir, existe una deformación conceptual políticamente determinada. Por un lado se diluye la noción de capital y de capitalistas. Se busca extraerle su asociación indisoluble con el fenómeno de la explotación. Por el otro, se habla de “capitalistas” que sólo viven de su trabajo. Deformar y edulcorar las realidades, tal es la función propia de las ideologías. Las inconsistencias de esta ideologización son múltiples. Podemos mencionar algunas.