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martes, 22 de noviembre de 2016

DONALD TRUMP, PRESIDENTE DE EEUU

José C. Valenzuela Feijóo.[1]


I

Trump ya es presidente electo. Con ello, el denominado “stablishment” (los que administran el poder) ha sufrido una derrota brutal.
Los encuestadores también: se ha mostrado que no buscan reflejar opiniones sino influir en las preferencias electorales: ahí está su gran negocio. Para eso les pagan, para decir que el que va arriba va abajo y viceversa. Y si hay algún ingenuo que pretende reflejar las auténticas opiniones de la gente, es evidente que es tremendamente inepto: poco o nada sabe de muestreos, encuestas, controles, etc. En breve, debería volver al colegio. En otras palabras, el mundo de las encuestadoras se mueve entre los supinos ignorantes (una muy pequeña minoría) y los grandes sinvergüenzas.
La campaña electoral también ha mostrado algo a subrayar: los grandes medios de comunicación (televisión, radio, prensa, etc.) se han abalanzado como perros de presa en contra de Trump. Y se ha visto lo que es una dictadura mediática (semejante a la que se experimenta en  México) y la pretendida teoría de la objetividad y neutralidad de la prensa que siempre han esgrimido los grandes medios –como el New York Times, cadenas como la CBS y otros- es algo del todo mentiroso. Claro está, se trata de una mentira que no es piadosa sino un pilar clave en el mecanismo de penetración-expansión de la ideología dominante en la conciencia de los de abajo.
En el modelo del capitalismo neoliberal, la fracción capitalista dominante es la del gran capital financiero-especulativo y no la del capital industrial productivo. Es dicha fracción la que impone el estilo del desenvolvimiento y el tipo de política económica. Lo que suele traducirse en bajos ritmos de crecimiento, una distribución del ingreso muy regresiva y una alta inestabilidad macroeconómica. En Estados Unidos, el patrón de acumulación neoliberal pasa a imponerse a fines de la década de los setenta. Reemplazó al vigente desde Roosevelt, el que empujó altos ritmos de crecimiento, cierta mejoría en la distribución del ingreso y una conducta cíclica más o menos suavizada. O sea, patrones de conducta económica bastante diferentes (casi en las antípodas) de los que tipifican al esquema neoliberal.

martes, 4 de octubre de 2016

El candidato Donald Trump

José Valenzuela Feijóo

Donald Trump no es una persona que llame la atención por su sofisticación, por su cultura y por tener una amplia y profunda visión de las realidades políticas. Diríamos que es más intuitivo que reflexivo. Y se mueve con cargo a una visión política más bien tosca. En breve, no parece tener ni remotamente los atributos que se le asignan a un estadista. Pero no es menos evidente que ha logrado una muy fuerte penetración en el electorado estadounidense.
Esta pudiera ser la interrogante clave: ¿cómo un personero tan simplón ha logrado tanto arraigo?
Primero: diríamos que Trump no es un hombre que pertenezca al denominado “stablishment”. ¿Qué entendemos, en este texto, por “stablishment”? A veces, se entiende por el vocablo al conjunto de grupos y personas que poseen y ejercen el poder económico y político en un país. En este caso, la referencia implícita es más bien a la clase dominante. Es decir, la clase que se apodera y controla el excedente económico y, a la vez, controla y ejerce el poder del Estado. Con un problema que queda en el aire: ¿se trata de la clase o de los administradores de los intereses básicos de esa clase?