viernes, 6 de enero de 2017

México: expectativas económicas para 2017

Samuel Ortiz Velásquez

El neoliberalismo en México muestra claras señales de caducidad, su desempeño económico es decepcionante, su contenido democrático es nulo y recurre cada vez más frecuentemente al uso de la violencia policial. En el terreno económico, el estancamiento y la inestabilidad de los principales agregados macro (PIB, inversión y empleo), ha sido el rasgo que ha tipificado a la economía mexicana en los últimos 36 años. El pilar del dogma neoliberal, la “estabilidad macro”, en precios, en déficit fiscal y en tipo de cambio, se ha conseguido a costa de sacrificar el crecimiento de los agregados macro fundamentales. Además, la política económica se ha enfocado en generar las condiciones para atraer inversión extranjera directa (IED).

En este contexto, 2017 conjugará el peor de los escenarios posibles, pues combina la inestabilidad del PIB, el empleo y la inversión, con el abandono de la estabilidad “macro neoliberal”: la inflación se dispara, el peso mexicano experimenta niveles históricos de depreciación, se frena la IED y el comercio exterior, todo lo cual, también juega en contra de los principales beneficiarios del neoliberalismo en México. Efectivamente:

martes, 22 de noviembre de 2016

DONALD TRUMP, PRESIDENTE DE EEUU

José C. Valenzuela Feijóo.[1]


I

Trump ya es presidente electo. Con ello, el denominado “stablishment” (los que administran el poder) ha sufrido una derrota brutal.
Los encuestadores también: se ha mostrado que no buscan reflejar opiniones sino influir en las preferencias electorales: ahí está su gran negocio. Para eso les pagan, para decir que el que va arriba va abajo y viceversa. Y si hay algún ingenuo que pretende reflejar las auténticas opiniones de la gente, es evidente que es tremendamente inepto: poco o nada sabe de muestreos, encuestas, controles, etc. En breve, debería volver al colegio. En otras palabras, el mundo de las encuestadoras se mueve entre los supinos ignorantes (una muy pequeña minoría) y los grandes sinvergüenzas.
La campaña electoral también ha mostrado algo a subrayar: los grandes medios de comunicación (televisión, radio, prensa, etc.) se han abalanzado como perros de presa en contra de Trump. Y se ha visto lo que es una dictadura mediática (semejante a la que se experimenta en  México) y la pretendida teoría de la objetividad y neutralidad de la prensa que siempre han esgrimido los grandes medios –como el New York Times, cadenas como la CBS y otros- es algo del todo mentiroso. Claro está, se trata de una mentira que no es piadosa sino un pilar clave en el mecanismo de penetración-expansión de la ideología dominante en la conciencia de los de abajo.
En el modelo del capitalismo neoliberal, la fracción capitalista dominante es la del gran capital financiero-especulativo y no la del capital industrial productivo. Es dicha fracción la que impone el estilo del desenvolvimiento y el tipo de política económica. Lo que suele traducirse en bajos ritmos de crecimiento, una distribución del ingreso muy regresiva y una alta inestabilidad macroeconómica. En Estados Unidos, el patrón de acumulación neoliberal pasa a imponerse a fines de la década de los setenta. Reemplazó al vigente desde Roosevelt, el que empujó altos ritmos de crecimiento, cierta mejoría en la distribución del ingreso y una conducta cíclica más o menos suavizada. O sea, patrones de conducta económica bastante diferentes (casi en las antípodas) de los que tipifican al esquema neoliberal.