martes, 21 de marzo de 2017

¿Seguridad Nacional o Seguridad del Modelo Neoliberal?

Juan Salazar Vázquez[1]

Lo que ha venido sucediendo en el país desde hace ya 35 años puede ser catalogado, sin temor a equivocarnos, como estancamiento económico con regresiva distribución del ingreso. El modelo neoliberal en el país ha dejado un rastro de lento crecimiento de la productividad del trabajo y, por consiguiente, de la producción; creciente desigualdad, exclusión y marginalidad. Hoy en día cerca del 60 por ciento de la ocupación se concentra en la llamada economía informal, propia de actividades de muy baja productividad y de remuneraciones misérrimas.
Frente a esto las clases populares, principalmente obreros urbanos y campesinos, han mantenido una actitud más bien pasiva con breves episodios de rebeldía social. Un modelo así sólo puede sostenerse si existe una apatía total de la población. O bien, si emergen protestas, por la vía de la represión abierta: ejemplos recientes son el caso de Atenco (2006), Trabajadores de Luz y Fuerza (2009), estudiantes de Ayotzinapa (2014), jornaleros de San Quintin (2015) y el movimiento magisterial-Nochixtlán (2016), por mencionar algunos. Y ante hechos recientes, como el “gasolinazo”, pareciera que a la protestas se suman capas medias enfurecidas. Y es posible que los brotes de rebeldía y descontento social sean más prolongados e incluso permanentes. Por otro lado, también cabe esperar una respuesta dura del gobierno: el uso de la coacción física. Esta respuesta se mantiene latente (como amenaza implícita), abierta en los casos señalados y a veces, disfrazada: se dice que el culpable es la delincuencia y los grupos del narcotráfico. 

miércoles, 8 de marzo de 2017

China versus Estados Unidos: la colisión que viene

José Valenzuela Feijóo [1]
Juan Salazar Vázquez [2]
Samuel Ortiz Velásquez [3]
                                                                                           
                                                                                           
A lo largo de su historia, el régimen capitalista muestra una gran disparidad en materias de crecimiento. Por lo mismo, suele darse un periodo histórico en el cual tal o cual país funciona como líder o potencia hegemónica. Para luego avanzar a otro período en que es otra la potencia dominante. Por ejemplo, si miramos hacia atrás se habla de Holanda, de Inglaterra, de Francia, de Estados Unidos (EEUU), etc. Cuando finaliza la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos se convierte en la gran superpotencia, abrumadoramente superior en lo económico y lo militar. En el cuarto de siglo que le siguió, Europa y Japón crecen muy rápido y se acercan a EEUU y hasta le dan cierto alcance. Pero luego, con el ascenso del neoliberalismo, los ritmos de crecimiento tienden a acompasarse. Y el deterioro de EEUU respecto a Japón y Alemania, pareciera detenerse. Por lo menos no agudizarse. Pero al iniciarse el siglo XXI (o antes) aparece un nuevo desafío: el de China. Este país viene desde muy abajo y de un período en que bajo la dirección de Mao-Tse-Tung, buscó avanzar al socialismo. Proyecto que es cancelado y que ha dado lugar al despliegue de una vía capitalista en que el país crece a ritmos desaforados. Y de hecho empieza a desafiar a la que todavía es la gran superpotencia: Estados Unidos.