miércoles, 27 de agosto de 2014

Auge y caída de la industria petrolera mexicana

Samuel Ortiz Velásquez

En días pasados Peña Nieto celebró que con la reforma privatizadora de PEMEX, se derriban las “barreras que impedían a México crecer”. En las líneas siguientes ofrecemos algunas explicaciones de por qué es importante la rectoría del estado en la industria petrolera y por qué consideramos que la profundización de las reformas estructurales (como la energética) no es la ruta que permitirá superar el estancamiento económico que ha tipificado a la economía mexicana durante el último tercio de siglo de aplicación de políticas de corte neoliberal.
Primero, el estancamiento económico de México se explica en buena medida por la baja inversión, particularmente en los sectores de alta productividad como la industria, en la medida que la industria cumple un rol crucial en el proceso de crecimiento por diversas razones que hacen que la productividad de la economía total se expanda endógenamente con la inversión y producción del sector (Kaldor 1984). Ello por la existencia de fuertes vínculos y complementariedad entre la inversión, acumulación y progreso técnico, pilares del crecimiento de la productividad del trabajo. Agreguemos, algunos sectores industriales, v. gr., como la industria petrolera, son estratégicos pues presentan altos encadenamientos productivos hacia atrás y hacia adelante con otras actividades económicas y porque son una fuente de poder económico en la época actual, el cual con la reforma se trasladará ahora a las empresas petroleras transnacionales (Castaingts dixit).
La industria petrolera cumplió un rol importante en la etapa de mayor dinamismo de la economía mexicana (1938-1981) asociada a la modalidad de acumulación de industrialización basada en la sustitución de importaciones (ISI), de hecho la inversión y el producto de la industria petrolera crecieron a tasas más elevadas comparativamente con la manufactura y la actividad económica nacional, es decir, el sector petrolero ejerció un fuerte efecto de arrastre sobre el resto del aparato productivo nacional. Desde 1980 y con la implementación de la modalidad de acumulación neoliberal, se asiste al desmantelamiento de la industria petrolera mexicana, reflejado entre otras cosas en la dramática caída de la parte del producto destinado a la inversión (ver gráfico 1). La caída de la inversión en el sector fue premeditada y ello se explica en lo básico por el régimen fiscal de que es objeto.
En el discurso oficial se dice que con la reforma de apertura, se elevará la inversión en la industria petrolera mexicana, pues ésta se complementará con la entrada masiva de inversión extranjera directa, mientras los frutos del proceso se reflejarán en los bolsillos de la población (v. gr., vía la reducción del precio de la gasolina y el gas). Pero se omite que la reforma energética cambia todo menos la estructura administrativa y tributaria de PEMEX y se mantiene en ellas un cuerpo directivo corrupto. Por otro lado, mayores flujos de IED, significan la entrada de poderosos actores supranacionales con capacidad de incidir/decidir sobre el funcionamiento de la economía, ello fortalecerá aun más el poder de la clase económica y política dominante y de paso nos advierte de las muy ínfimas posibilidades reales de que una alternativa de izquierda llegue al poder en 2018 (recordemos la guerra sucia en contra de AMLO en 2006 y 2012 pero magnificada en 2018). Agreguemos, la repartición de la renta petrolera entre sector público, privado nacional y extranjero pondrá en serios aprietos a las finanzas públicas y la forma en cómo se subsanará será mediante más y mayores impuestos a la clase trabajadora.
En segundo lugar, valga un breve recordatorio a la clase política que dirige los rumbos del país: las reformas económicas “a la mexicana” desde 1985 han sido en buena medida las responsables del estancamiento económico:
·      Las reformas macroeconómicas han priorizado la estabilidad macroeconómica (en precios y déficit fiscal), antes que la estabilidad y el crecimiento de variables socioeconómicas cruciales como el producto, el empleo y la inversión. Para controlar los precios, se ha utilizado al tipo de cambio como ancla anti-inflacionaria, ello en la medida que los procesos de apreciación del tipo de cambio real desde finales de la década de los ochenta al abaratar los bienes importados han contribuido al control de la inflación. Pero al abaratar los bienes importados también modifican los precios relativos a favor de los sectores de bienes no comerciables e inducen una reasignación de recursos hacia esos sectores, reduciendo la rentabilidad de los sectores de bienes comerciables (como la manufactura) e inhibiendo su inversión (Moreno-Brid y Ros 2010).
·      La reforma financiera de mediados de la década de los ochenta desembocó en un grave problema de cartera vencida, en la crisis de 1994-1995 y el FOBAPROA.
·      El retiro del estado de la esfera económica se manifestó por diferentes vías, la primera, mediante el abandono de la política industrial activa presente durante la ISI y su remplazo por una política industrial neutral u horizontal. Con ello, la inversión y la industria pierden el rol que las caracterizó durante la ISI: comandando el proceso de  acumulación. Y desde la década de los ochenta son las exportaciones y la manufactura privada de exportación las que comandan el proceso de acumulación. La segunda vía fue mediante una fuerte reducción de la inversión pública especialmente en infraestructura desde 1984, la cual ha contribuido a una lenta tasa de inversión privada y en la economía total.
En suma, con la reforma privatizadora de PEMEX se mina toda posibilidad de integración de la economía nacional y se sobre-explotarán los recursos naturales. A pesar de que 8 de cada 10 mexicanos están en contra de la reforma, la sociedad mexicana no reacciona y se muestra desinteresada por problemas de política. Por otro lado, la izquierda colaboracionista (del PRD) y el nuevo partido político MORENA apuestan todo a una consulta popular en 2015, es probable que la pregunta de la izquierda no pase (pues el PAN y el PRI promueven también preguntas con temáticas diferentes) y si pasa, es poco probable que se reconozcan los resultados, sobre todo en un país tan acostumbrado a la práctica de los fraudes electorales. El panorama económico, político y social es sombrío.

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