miércoles, 21 de septiembre de 2011

ASÍ VAMOS… TIEMPOS DIFÍCILES

Juan Castaingts Teillery        
Profesor Investigador UAM-I
“Tiempos Difíciles” es el título de una novela de Dickens que acabo de leer. La novela es buena pero los tiempos difíciles de la novela (Inglaterra 1854), son nada en comparación con nuestros tiempos actuales mexicanos. En verdad estamos sumergidos en un agujero terrible que, en mi opinión, sólo es comparable a la espantosa época que vivió nuestro país en épocas de Santa Anna.
            Hay que señalar que, aunque la economía mexicana no está bien, dados los problemas del mundo, no estamos tan mal. EL FINANCIERO de ayer informó que el pronóstico del FMI para México era de un crecimiento de 3.8% para este año y 3.6% a 4% para 2012. Me parece muy optimista el pronóstico para el año que viene pero si quedase únicamente en 2.5% no sería muy grave. El hecho es que podríamos estar mucho mejor y que por efecto de una mala dirección de la economía, nuestras tasas de crecimiento son sensiblemente inferiores a las que podemos aspirar.
            El entorno económico internacional vive espinosas dificultades. Europa no sale de sus problemas, la deuda griega parece cada vez más impagable. La amenaza de otra posible recaída en EU no se puede descartar. El mundo va hacia un crecimiento de baja intensidad con fuertes altibajos y con el peligro de una nueva caída en la actividad económica. La crisis energética aunque soterrada, sigue entera. La crisis de alimentos está ahí. El problema climático sigue creciendo. La crisis financiera no se ha arreglado y trae locas a las bolsas de valores.
            En México vivimos una anomia (descomposición, degradación)  social terrible. Una separación abismal entre partidos políticos y sociedad civil. Una corrupción que nos destruye a pasos rápidos. La violencia nos tiene angustiados y está cada vez peor. Es increíble, pero ahora con las compañas electorales muchos dicen: “yo quiero ser Presidente” sin embargo, nadie nos ofrece un diagnóstico y un camino a seguir para hacer frente a los graves problemas que nos aquejan. Nada más nos dicen: “yo resolveré el problema de la violencia” pero solo en términos de promesas, sin análisis ni estrategias fundamentadas. Puro “bla, bla…”
            Los paridos reciben cientos de millones de pesos y no son capaces de hacer propuestas serias sobre la economía, la política y la violencia. Una reforma política descafeinada no logra aterrizar. Nos hablan como si no hubiese un problema económico mundial muy grave y sólo nos señalan la gastada frase “estamos blindados”. Todo se va en spots, en pagos enormes a las televisoras y en promesas sin fundamento y eso, en más o en menos, lo hacen todos los partidos ¿Tendremos que pregonar nuevamente el voto nulo?
            En el DF tenemos que cambiar la tarjeta de circulación y para sorpresa nuestra nos dan una tarjeta con validez de sólo tres años y además sin el “chip” prometido. Ya no somos ciudadanos ni siquiera clientes, somos llenadores de papeles; sujetos pasivos al servicio de una burocracia. Debemos de tomar conciencia y hacerles saber a los políticos que si quieren nuestro voto se lo tienen que ganar.
            Lo más grave es la narcoviolencia que nos abruma. El INEGI acaba de sacar su “Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre la Seguridad Pública 2011”. Los resultados son espeluznantes:
Los hogares con víctimas son el 36% del total. Las personas de 18 años y más que han sido victimizadas son 23 956 (en tasa por cada 100 000 habitantes). El porcentaje de delitos en donde no se inició una averiguación previa es del 92%. El porcentaje de personas que se sienten inseguras es del 69.5%. El costo que resulta de la inseguridad y el delito es del 1.53 del PIB. Aguascalientes, mi tierra, es el Estado en donde hay una mayor tasa de víctimas. Colima, Chiapas, Michoacán y Yucatán, los que tienen menos víctimas. El robo en la calle y la extorsión son los delitos más comunes. Entre el 2005 y el 2011 ha aumentado con fuerza la percepción de inseguridad. La marina y el ejército son las autoridades que se les ve como más efectivos. Sobre los jueces, policía ministerial, policía estatal y otros se tiene una percepción en la que la visión negativa supera a la positiva. Sólo el 12.3% de los delitos fue denunciado, muestra de una desconfianza en las autoridades. De los delitos denunciados sólo el 64.9% llevaron a una averiguación previa.
Muchos de los delitos cometidos no fueron cometidos por las organizaciones de narcos sino por gente empujada al delito por efectos de la anomia y el hambre.

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