sábado, 13 de febrero de 2010

Las voces de Ciudad Juárez

Clara Jusidman
El Universal
Viernes 12 de febrero de 2010

Regresé el 3 de febrero de Juárez después de haber sostenido varias reuniones con representantes de organizaciones civiles y académicos. Estamos actualizando un estudio sobre La realidad social de Juárez que realizamos entre 2004 y 2005, y que fue publicado en 2008 por la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez.
Como resultado de ese trabajo, en 2005 habíamos elaborado una lista de focos rojos que difundimos ampliamente. Advertíamos los factores económicos, sociales y culturales que contribuían a la creación de un ambiente violento y de alto riesgo en la ciudad.
Encontramos que la adopción del modelo maquilador había generado gran demanda de trabajadoras provocando un desequilibrio entre el número de mujeres y de hombres en edades activas. Consecuencia era la presencia de una mayor proporción de hogares encabezados por mujeres solas, sin la creación de estancias infantiles. Observamos jornadas de trabajo mayores que en el resto del país, bajos salarios, volatilidad de horarios, triples jornadas de las mujeres, con cinco horas de sueño en promedio, de las madres de familia.
Una proporción alta de jóvenes entre 12 y 16 desertaban de la escuela y esperaban a cumplir 16 años para incorporarse a la maquila, situación que los ponía en riesgo de ser capturados por bandas del crimen organizado ante ofertas de ingresos altos, aun comparativamente frente a los que obtendrían al incorporarse a las plantas maquiladoras.
Esta situación a la par de la especulación de la tierra en beneficio de unos cuantos y el aliento de los partidos políticos a invasiones de terrenos riesgosos, provocó una segmentación de la ciudad por clases sociales, con zonas carentes de toda infraestructura urbana, casas construidas con deshechos de la maquila, donde habitaban los trabajadores y sus familias, frente a zonas donde se concentraba la infraestructura social y los servicios.
El constante conflicto entre los órdenes de gobierno se tradujo en vacíos de poder y en el injusto trato de los gobernadores de Chihuahua y las instituciones federales hacia Juárez al no devolverle servicios e inversiones.
La muerte, el secuestro y la extorsión se volvieron parte de la vida cotidiana.
Juárez, como decía una profesora, es una catástrofe humana, con efectos tan devastadores como un tsunami, pero no existe ni conciencia, interés o compromiso de los gobiernos, la clase política, los partidos, ni de la sociedad nacional por asumirla como tal.
El ataque de un comando fuertemente armado y coordinado, a 60 jóvenes estudiantes que festejaban un cumpleaños y un triunfo deportivo, muestra el grado de avaricia, corrupción, impunidad, prepotencia y violencia que domina la ciudad. No fue pelea de pandillas, ni del ataque a operadores de otra banda, como declararon Calderón y Gomez Mont, faltando a la dignidad de los fallecidos y sus familias. Son víctimas civiles de una guerra entre dos mafias por el control del territorio, cada una apoyada por miembros de la clase política y de las fuerzas de seguridad y justicia.
Juárez ha sido golpeada por la crisis económica y por la violencia. Mencionan a jóvenes que abandonan la escuela por no tener para cubrir los costos de los talleres y prefieren vivir bien aunque sea por corto tiempo, colocando al Chapo como su modelo.
Las alternativas para sobrevivir están destruidas pues hasta las actividades informales son sujetas de extorsión. El excepcional capital social que tenía la ciudad en sus organizaciones civiles se agota. Las maquiladoras y las empresas pequeñas y medianas que se mantienen ya no les dan apoyo. Las fundaciones extranjeras se retiran de la ciudad.
Las organizaciones ciudadanas buscan opciones de actividades que les generen ingresos para sostener sus servicios, pero agotando sus fuerzas y sus últimos recursos.
Juárez, que tenía cerca de un millón y medio de habitantes, se está muriendo pero aún así, y ante el riesgo de intervenciones simplistas e incluso, interesadas, por parte de instituciones públicas federales, se oye una exclamación: “Nada en Juárez, sin los juarenses”.

Presidenta honoraria de Incide Social, AC

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