miércoles, 20 de enero de 2010

Una generación olvidada


Samuel Ortiz Velasquez


En 2008 uno de cada tres mexicanos tenía entre 12 y 29 años de edad, de estos, 7 millones eran considerados “ninis”, ello para abreviar su situación, pues se trata de jóvenes que “ni” estudian “ni” trabajan (La Jornada 12/01/10), este número seguramente sufrió un severo repunte en 2009 a consecuencia de la crisis económica. El motivo, a decir de los expertos consultados por la Jornada, es que para los jóvenes la educación ya no tiene sentido, pues dejo de garantizar el acceso a los mínimos de bienestar material, como ocurría no hace mucho tiempo, con ello, las nuevas aspiraciones de la población joven se encuentran en el narcotráfico y la migración. Para abonar a la discusión, a continuación describiremos brevemente la problemática que enfrentan los jóvenes de 18 a 25 años edad, se trata de un segmento de la población que debería estar cursando estudios universitarios y que en el corto plazo estaría dirigiendo el rumbo del país.

En el año de referencia, 15.6 millones de mexicanos tenían entre 18 y 25 años de edad, de estos, según la Encuesta Nacional de Adicciones 2008, apenas el 23 por ciento (3.6 millones de jóvenes) se encontraba estudiando, mientras el 77 por ciento no estudiaba (12 millones de jóvenes). Por nivel de estudio alcanzado, se tiene que el 17.2 por ciento (2.7 millones) no tiene instrucción o bien solo contaba con primaria; un 35.3 por ciento (5.5 millones) tenía secundaria; un 36.4 por ciento (5.7 millones) tenía bachillerato o equivalente y solo un 11.1 por ciento (1.7 millones) concluyó o se encontraba cursando la universidad, es decir, ¡solo uno de cada ocho jóvenes cursa la universidad en México!

Por situación laboral, la encuesta revela que el 53.7 por ciento de los jóvenes se encontraba trabajando, entretanto, el 46.3 por ciento estaba desempleado o se desempeñaba en las labores del hogar, es decir, casi la mitad (7.2 millones) de los jóvenes no tenían empleo en 2008. A falta de datos que nos permitan cruzar información, podemos suponer que de la población que no trabaja, 3.6 millones de jóvenes no lo hicieron en virtud de estar estudiando, el resultado obtenido es que uno de cada cuatro jóvenes de entre 18 y 25 años no habría estudiado ni trabajado en 2008. La estimación gruesa no resulta absurda, si la cotejamos con datos que presenta la SEP, según los cuales, cada año egresan del bachillerato 900 mil jóvenes, de estos, un 50 por ciento continúan la enseñanza superior; un 25 por ciento ingresa al mercado laboral y el restante 25 por ciento son jóvenes “ninis”.

Es imposible cuantificar la cantidad de jóvenes que ante tal panorama optan por ingresar a las actividades relacionadas con el narco, pero si es posible saber cuántos de ellos salieron del país en busca de mejores condiciones de vida. Efectivamente, según el Consejo Nacional de Población, en 2008, uno de cada tres mexicanos que salieron del país eran jóvenes entre los 18 y 25 años de edad.

En suma, por la forma de la pirámide poblacional, la elite que dirige al país está dejando ir una oportunidad única que permitiría a México retomar las elevadas tasas de crecimiento económico de la posguerra, ya que tiene en el olvido a un amplio sector de la población joven, que potencialmente podría ser empleado productivamente si se elevara el uso de la capacidad productiva instalada del país, la cual, por la crisis se utiliza solo en un 70 por ciento.


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