jueves, 21 de enero de 2010

¿Deja vu?


Orlando Delgado Selley



En su mensaje de año nuevo Calderón anunció que 2010 será un año de realizaciones, en el que se cosecharán los frutos de la política económica prudente y responsable” que se instrumentó para tratar de contener los impactos de la crisis proveniente de los países desarrollados. Sabemos los resultados de ese intento. Pronto sabremos que 2010 será un año con complicaciones tan severas como las del año anterior. El presupuesto público, propuesto por el Ejecutivo y aprobado por las bancadas del PRI y del PAN, se construyó a partir de una prioridad: el equilibrio presupuestal.
La historia da elementos para pensar que esto lo hemos vivido antes: Luis Montes de Oca, secretario de Hacienda en 1931-32, también propuso un presupuesto que buscaba equilibrar las finanzas públicas. Para ello se instrumentó una reducción del gasto público. Esta política en lugar de contrarrestar los efectos de la recesión provocada por la disminución de la actividad económica mundial los aumentó. El resultado fue que en 1932 el PIB se redujo de 35 mil 503 millones de pesos a 30 mil 207, una reducción de casi 15 por ciento.
Entre los propósitos de esa política estaba, además, restablecer la paridad de dos pesos para equilibrar la balanza de pagos. Una consecuencia fue que la caída de las exportaciones se agudizó, llegando a apenas 56.5 millones de dólares cuando habían alcanzado 274.9 millones en 1929. Aunque en 2010 no se plantea como propósito explícito que el tipo de cambio se aprecie, las tasas de interés están provocando la entrada de capitales al mercado. La revaluación del peso afectará la competitividad de las exportaciones industriales.
Las ideas de Montes de Oca, como las de Carstens y Calderón, estaban basadas en la doctrina predominante: la economía neoclásica. En sus memorias H. Hoover, presidente estadunidense de 1929 a 1933, recuerda que frente a su urgencia por llevar a cabo acciones gubernamentales para detener la crisis “el Sr. Mellon [secretario del Tesoro] sólo tiene una fórmula. Liquidar a los trabajadores, liquidar las acciones que cotizan en bolsa, liquidar las granjas, liquidar los inmuebles. Eso purgará la podredumbre del sistema… La gente trabajará más duro, alcanzando una vida moral mayor.” El consejo era que no hiciera nada, dejando que el mercado actuara.
En 1933 llegó Roosevelt a la presidencia y la política económica cambió drásticamente en Estados Unidos: la prioridad fue un amplio programa de gasto para crear millones de puestos de trabajo en infraestructura, invirtiendo en proyectos ambientales y en arte y cultura. Los cambios también llegaron a México: Montes de Oca fue sustituido por Pani, quien impulsó una política para estimular la actividad económica a través de incrementos en el circulante con el propósito de volver al nivel de producción de 1929. En 2010, el Montes de Oca de nuestro tiempo aseguró su posición al convertirse en gobernador del Banco de México y desafortunadamente su sucesor no será un Pani sino un Montes de Oca muy reducido. Los efectos de la política económica diseñada para este año serán negativos para la actividad económica y lo serán aún más para el nivel de vida de amplios segmentos de la población.
Así que el anuncio de que este 2010 será un buen año carece de fundamento. Los primeros días del año lo confirman: aumentos significativos de precios en alimentos, en gasolina, electricidad, incrementos en el IVA y en ISR, provocando que los ajustes en sueldos y salarios se esfumen. La recuperación se complicará, ya que lo que la política hace es desestimular la actividad económica. Están confiados en que habrá una recuperación sólida de la economía estadunidense que nos arrastrará. También confiaban en que la crisis no nos afectaría. Sus pronósticos no son confiables.
Desafortunadamente no hay posibilidades de que la política económica pueda cambiar este año ni los dos siguientes. La alianza PRI-PAN que ha conducido al país durante 20 años sigue pensando que lo que importa es que a ellos les vaya bien. Lo que le pase a la población poco importa. Siguen ganando elecciones.


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