jueves, 7 de enero de 2010

2010: expectativas y dificultades

Orlando Delgado Selley

E mail: o_selley2001@yahoo.com

La Jornada 07/01/10

El año que concluyó fue el de la crónica de un desastre anunciado. Se sabía que la crisis nos iba a golpear, pero el gobierno pensó que la crisis no nos alcanzaría. Obviamente nos impactó y con fuerza. El gobierno panista tibiamente intentó contener la recesión y fracasó. Los resultados son los peores de toda América Latina. 2010 arranca con la expectativa de que la economía crecerá 3.5 por ciento, lo que significa que no se recuperarán los niveles de producción alcanzados en 2008 hasta 2011. En consecuencia, el sexenio de Calderón desde el punto de vista de la evolución económica será uno de los peores de la historia reciente del país.
Esta expectativa, sin embargo, es optimista. Para que la economía mexicana realmente logre crecer ese 3.5 se requerirá que la industria estadunidense se recupere y que los productos que se fabrican para abastecerla sigan siendo competitivos. Hay un consenso generalizado de que la recuperación estadunidense no está garantizada y de que si logra mantenerse, los ritmos productivos serán muy pausados, lo que implicará que la demanda de insumos industriales será limitada. La producción industrial funcionará por debajo de su capacidad y, en consecuencia, nuestras exportaciones manufactureras no podrán ser los motores de la recuperación nacional.
Los ingresos por remesas seguirán reduciéndose, ya que la característica distintiva de los próximos meses será que el desempleo en Estados Unidos en el primer semestre seguirá aumentando y apenas en el segundo empezarán a generarse nuevos puestos de trabajo. Se espera que el mercado petrolero tenga mejores condiciones que las actuales, pero la declinación de la capacidad de producción de crudo impedirá que los ingresos crezcan lo necesario para empujar la recuperación. La otra fuente de ingreso de divisas, el turismo, por las características de la evolución esperada de la economía mundial no parecería tener expectativas halagüeñas.
En cuanto a los determinantes internos del producto no es posible esperar que el consumo pudiera tener un comportamiento dinámico. A la pérdida de empleos formales habrá que agregar que los sueldos y salarios se reducirán en términos reales. A diferencia del incremento de 10 por ciento a los salarios mínimos que anunció el presidente Lula, lo que hará crecer el mercado interno en Brasil, en México el aumento ni siquiera recupera el deterioro de 2009. De modo que el consumo privado no crecerá en términos reales. El consumo del gobierno, dada la inflexibilidad gubernamental, tampoco será fuente de dinamismo, pese a los elevados sueldos de los altos funcionarios federales.
En cuanto a la inversión, aunque habrá una cierta intensidad constructiva en los estados asociada a la sucesión presidencial, en virtud de las restricciones autoimpuestas por una concepción ortodoxa de la política económica el componente público federal no podrá convertirse en un elemento capaz de generar un impulso relevante. La inversión privada seguirá enfrentando las dificultades asociadas al momento crítico, lo que dificultará la decisión de emprender nuevas actividades, ampliar las existentes o simplemente renovar las condiciones de producción. A estas dificultades se tendrá que sumar la determinación de las empresas bancarias que operan en México de no prestar a las actividades productivas.
El año, en consecuencia, parece bastante más complicado de lo que se trata de hacer creer en el discurso oficial. Después de un año con una contracción severa, en 2010 continuarán las dificultades que, por supuesto, se concentrarán en los sectores sociales con mayores dificultades. Un año que será políticamente decisivo en la carrera presidencial verá que los partidos políticos que dominan desde hace años el Poder Legislativo mantendrán una pugna sorda por ganar posiciones, mientras se soslaya el reconocimiento de la descomposición política, económica y social que estamos viviendo y que se agudiza rápidamente.

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