martes, 18 de marzo de 2014

El programa IMMEX siete años después

SAMUEL ORTIZ VELÁSQUEZ

 La Jornada de Zacatecas 15.03.2014. A finales de 2006 el gobierno de México decretó el programa de Fomento de la Industria Manufacturera, Maquiladora y de Servicios de Exportación (IMMEX), con el cual se integran en un solo programa los correspondientes al de Industria Maquiladora de Exportación y al de Importación Temporal para Producir Artículos de Exportación (PITEX). El IMMEX, al igual que el PITEX y maquila, es un instrumento mediante el cual se permite importar temporalmente los bienes necesarios para ser utilizados en un proceso industrial o de servicio destinado a la elaboración, transformación o reparación de mercancías de procedencia extranjera importadas temporalmente para su exportación o a la prestación de servicios de exportación, sin cubrir el pago del impuesto general de importación, del impuesto al valor agregado y, en su caso, de las cuotas compensatorias. 

Según Dussel Peters (2003), los diversos programas de Importación Temporal para su posterior Exportación (ITE) generan importantes incentivos fiscales que implican una reducción de aproximadamente 30 por ciento en el costo de los insumos para las manufacturas que dependen de proveedores externos y se benefician de algún programa ITE, en comparación con las manufacturas que usan insumos producidos localmente.
Es importante destaca que entre 1993-2006 poco más de tres cuartas partes de las exportaciones mexicanas totales dependieron de programas ITE (WTA 2014). Con ello, la estructura exportadora de las manufacturas mexicanas es muy dependiente de procesos ITE. En las líneas siguientes se presentan las tendencias más importantes que han seguido los establecimientos con programas IMMEX desde 2007 y hasta 2013, en la parte final se destilan algunas conclusiones.
Según INEGI entre 2007-2013 el número de establecimientos manufactureros con programas IMMEX cayó un 0.3 por ciento; el personal ocupado creció a una tasa media anual de 1.8 por ciento y la productividad del trabajo se expandió al 1.6 por ciento, es decir, se trata de un crecimiento primordialmente extensivo liderado por el crecimiento del trabajo. Pero el crecimiento de la productividad no se acompañó de un crecimiento de las remuneraciones reales, de hecho las remuneraciones reales por persona ocupada decrecieron un 0.2 por ciento y las horas trabajadas crecieron al 1.9 por ciento (ver gráfico 1). Es decir, la brecha productividad-remuneraciones reales apunta a una distribución muy inequitativa en la distribución de los ingresos generados por estos establecimientos.
Por otro lado, la participación porcentual promedio de los insumos nacionales como parte de los insumos totales fue de 26 por ciento entre 2007-2013, no obstante se asiste a un aumento, pues pasa de 23 por ciento en 2007 a 28 por ciento en 2013 (o un aumento de 5 puntos porcentuales). El punto reviste particular importancia en virtud de que las bajas participaciones de los insumos nacionales se asocian con muy bajos grados de encadenamientos productivos con proveedores nacionales de insumos. Por otro lado, la participación de las remuneraciones en los ingresos cayó de 12.4 por ciento a 10.3 por ciento en el mismo periodo comparativo (ver gráfico 2).  
Destacamos algunas conclusiones: i) los programas ITE -como el IMMEX-, se han convertido en el principal incentivo que ha permitido la especialización exportadora del sector manufacturero mexicano en la nueva modalidad de desarrollo (Dussel Peters 2003), pero a costa de impactar adversamente sobre las actividades orientadas al mercado interno como resultado de aumento de la competencia, inhibiendo con ello la inversión productiva en el mercado nacional; ii) las manufacturas mexicanas de exportación intensivas en exportaciones (como la maquila) han contribuido a una inserción comercial de las manufacturas mexicanas con características débiles. Pues como vimos, realizan procesos muy primitivos (limitados al ensamble de partes y componentes producidos en otros países), que generan bajos niveles de valor agregado, productividad, salarios y presentan una escasa vinculación con proveedores locales, contribuyendo a la ruptura/desarticulación de encadenamientos productivos internos. Agreguemos, a nivel macro la política cambiaria ha sido altamente funcional para el fomento de estas actividades, pues los periodos recurrentes de apreciación del tipo de cambio por los que ha atravesado la economía mexicana desde 1988 abaratan las importaciones. 

Referencias:

Dussel Peters, Enrique. 2003. “Ser maquila o no ser maquila, ¿es ésa la pregunta?”. Comercio exterior 53(4), pp. 19-43.

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