jueves, 29 de diciembre de 2011

ASÍ VAMOS… SEQUÍA, CARENCIA DE ALIMENTOS Y CRISIS DEL CAMPO MEXICANO

Juan Castaingts Teillery     
Profesor Investigador UAM-I
Vivimos las consecuencias de heladas tardías o tempranas y una grave sequía y por eso, un alto porcentaje del campo se encuentra en quiebra o al borde de ella. Hay hambruna campesina y el pronóstico es de fuertes carencias alimentarias para el año que viene. Los precios de los productos alimenticios van a subir significativamente y habrá importaciones masivas de alimentos.
            La sequía y las heladas son un elemento más de la crisis agrícola, pues el abandono al campo tiene décadas. Los problemas del campo se hicieron manifiestos desde mediados de 1960-1970. Hasta ese memento, el sector agropecuario había mostrado un gran dinamismo y se puede afirmar incluso, que fue uno de los factores clave que hizo posible el denominado desarrollo estabilizador. Así, la crisis que hoy se expresa con virulencia por la sequía, tiene ya cerca de 40 años. Las causas de la crisis son profundas y variadas. Mencionemos algunas de ellas.
            1. El final de la apertura de los grandes sistemas de riego y la creciente dificultad de introducir el paquete tecnológico para la gran mayoría de ejidatarios y campesinos pobres.
            2. La creciente corrupción de las instancias oficiales encargadas de atender al campo, Secretaría de Agricultura y Ganadería, Secretaría de Recursos Hidráulicos, Banca dedicada al campo, CONASUPO, etc. La insistencia de estas instancias de no reconocer la enorme variabilidad económica, social y cultural del campo mexicano y su incapacidad para implementar políticas adecuadas a cada caso.
            3. La corrupción imperante en la Secretaría de Reforma Agraria y la búsqueda demagógica de votos que la llevó a repartir dos o más veces una misma tierra, con lo cual se sentaron las bases para conflictos muy graves entre campesinos. La existencia de latifundios encubiertos, de una deficiente ley de inafectabilidad de tierras ganaderas, que no sólo propició conflictos entre campesinos y ganaderos sino que protegió mal la propiedad privada de la tierra y desestimuló la inversión en el campo.
            4. Gastos enormes de dinero federal que se llevaron al campo, más con intención política que con propósito de resolver los problemas, que no sólo impulsaron la corrupción a todos los niveles (comisarios ejidales e incluso, muchos campesinos), crearon una relación social de paternalismo que ha sido profundamente dañina.
            5. Corrupción en CONASUPO y configuración de un sistema comercial y de precios que le era negativo para los productos agrícolas y que ocasionaba que las comunidades campesinas perdiesen por esta vía, una parte importante de los excedentes económicos que ellas generaban. Al quedarse sin una fuerte porción del excedente producido, los campesinos no tenían condiciones de reinvertir para mejorar sus condiciones productivas.
            6. Los créditos eran insuficientes, no llegaban a tiempo y muchas veces otorgados en condiciones corruptas. La corrupción se originaba desde arriba, pero sus tentáculos abarcaban a todas las capas sociales. Se recibían créditos por trabajos que no se realizaban, se simulaban pérdidas de cosechas que mal pagaban el seguro agrícola, etc. Se abandonaban obras de irrigación, instalaciones agropecuarias, etc.
            7. Un caciquismo negativo.
            8. La reforma al Artículo 27 Constitucional de Salinas no resolvió nada y agudizó los problemas. Algunos ejidatarios se fueron de inmigrantes y ¡claro! llegaron divisas.
            Frente a un campo altamente enfermo, se firma el TLCAN que impulsa a algunos sectores y regiones pero, se agrega el hecho de una competencia desleal de los productores de EU, ya que éstos cuentan con subsidios de los más altos del mundo.
Desde los 60s. había mucha corrupción en los bancos que atendían a ejidatarios y pequeños propietarios, lo mismo que en la compañía que aseguraba las tareas agrícolas. La producción de fertilizantes era deficiente y cara. La Conasupo tenía graves problemas.  El neoliberalismo cerró todos estos organismos pensando que las fuerzas del mercado arreglarían las cosas en forma natural. La corrupción ha tomado otros caminos, pero sigue tan grave como antes; la crisis estructural de agricultura y ganadería se ahonda; el campo sigue en crisis y los campesinos en la miseria. Aun peor, nuestra dependencia hacia el exterior de productos básicos para la alimentación crece año con año. Los viejos organismos eran corruptos, tenían muchos problemas pero, aunque mal, atendían las necesidades claves de crédito, aseguramiento y comercialización de los productos agropecuarios; hoy ya no se tiene nada de esto. Se vive la misma corrupción con un mercado ineficiente.

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