jueves, 8 de diciembre de 2011

ASÍ VAMOS… LECTURA, POLÍTICA Y CULTURA

Juan Castaingts Teillery        
Profesor Investigador UAM-I

Con respecto a la ignorancia en términos de cultura de un candidato y de un precandidato a la Presidencia de la República ha habido muchos chistes, algunos de ellos muy buenos, pero también tenemos que hacer algunas reflexiones sobre el tema que considero muy grave.
            La lectura de un libro o una novela es algo muy importante en la formación del espíritu humano y va mucho más allá de la simple diversión y placer que proporciona la lectura. Veamos:
1. Es un ejercicio mental por medio del cual, las letras abstractas se relacionan con  la capacidad imaginativa del individuo. Leer es imaginación y por ende, es desarrollar una facultad fundamental del espíritu.
2. En la lectura de una novela nos ponemos en contacto con relaciones humanas de la más variada especie, al imaginar estas relaciones humanas las ponemos en correspondencia a nuestras vivencias humanas y de esta manera, nuestro espíritu se enriquece pues aprendemos a juzgar nuestras propias vivencias a través de procesos más ricos y fructíferos. Solo quien tiene imaginación podrá enfrentar nuevos problemas.
3. Leer es totalmente diferente a ver televisión. Al mirar televisión somos totalmente pasivos, las imágenes televisivas se apropian de nuestra vista y oído; las secuencias pasan rápidamente y guían totalmente nuestra mente; nuestro trabajo intelectual es mínimo. La mente se acostumbra a trabajar poco, se hace pasiva y floja. Leer es todo lo contrario, lo abstracto de las palabras se tienen que transformar en imágenes en la mente, y la mente las percibe y trabaja en forma activa. La lectura lleva a la reflexión y por eso se hacen pausas, se levanta la vista del libro y se reflexiona. La lectura pone a trabajar el cerebro, la televisión lo apaga.  
4.- Observamos al mundo por medio de imágenes que ya tenemos en nuestra memoria autobiográfica. Lo vemos fundamentalmente a través de palabras. Si no conocemos la palabra mandarina y vemos una, simplemente no sabemos lo que es y no nos despertará apetito. Si vamos al campo y no conocemos la palabra maíz, trigo, frijol, hierba, etc., o si no conocemos sus colores (que los expresamos por medio de palabras) sólo veremos verdes y no sabemos que hay ahí. Lo mismo sucede con la sociedad, si no conocemos del ser humano y sus pasiones (para lo cual las novelas son magníficas) no comprenderemos a los seres que vemos; si no conocemos las palabras claves para caracterizar a una sociedad, tampoco entenderemos nada de ella. Las palabras son los anteojos por medio de los cuales vemos y comprendemos al mundo que nos rodea. Si tenemos pocas palabras, entenderemos poco y tendremos un espíritu pobre. Ahora bien, una parte importante del aprendizaje de palabras lo logramos por medio de la lectura. Así, quien no lee, es un hombre pobre de espíritu y carente de capacidades de comprensión y por tanto, sujeto a dirigir mal su acción y cometer graves errores.
5. La lectura es un ejercicio de la memoria y un elemento clave para conformar lo que los neurocientíficos denominan la memoria autobiográfica. La capacidad intelectual se forma por las relaciones que se establecen entre millones y millones de neuronas. Estas relaciones forman mapeos cerebrales y de ellos surge la memoria. Cada quién tiene sus aprendizajes y sus vivencias y por ende, tiene mapeos cerebrales distintos; entre más ricos sean estos mapeos cerebrales, más capaz es la persona y tiene más capacidad de comprensión, de interpretación y de orientar adecuadamente su acción. En estos mapeos, fuente de la memoria autobiográfica, se guardan dos tipos de instrumentos mentales: informaciones y procedimientos para analizar estas informaciones. Si no se tiene información se tiene poca capacidad de observación y si no se cuenta con instrumentos (operadores lógicos) para analizar esta información, el individuo quedará embotado por la información y perplejo ante ella. Los mapeos cerebrales se construyen y son tan grandes, cuanto mayor sea el ejercicio cerebral que se realice. Así, un cerebro que lee poco tiene una baja capacidad de almacenamiento y una baja posibilidad de análisis. La lectura no es un hecho anodino o complementario sino que es clave en la formación de nuestro cerebro y de nuestras capacidades mentales.
En consecuencia, es muy grave tener políticos que dirigen o aspiran a dirigir la nación que leen poco o nada. Pueden tener talento para la grilla, pues sus vivencias les han conformado una memoria autobiográfica apta para el caso, pero carecen de un espíritu capaz para poder dirigir a una nación.
castaingts42-juan@yahoo.com.mx

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