miércoles, 23 de noviembre de 2011

ASÍ VAMOS… CRISIS FINANCIERA ¿QUIÉN PAGA LOS PLATOS ROTOS?

Juan Castaingts Teillery
Todos los días pasan nuevos acontecimientos sobre la crisis mundial sobre todo la de los países ricos y en especial, la de Europa. Se producen muchos relatos, unos técnicos y otros políticos. Se le da vueltas al asunto pero a mi juicio, no se menciona el elemento central de la crisis actual y que es: ¿Quién paga los platos rotos?
            El problema clave de la crisis mundial hoy día se refiere, en forma muy simple, a que durante el auge se crearon montañas de papel de deuda que van más allá del valor de la producción total de dichos países. Un porcentaje muy alto de dicha deuda es simplemente impagable y por ende, muchos de esos documentos tienen menos valor del nominal o ninguno. Nadie de los tenedores de dichos documentos quiere perder y desea que sean otros los que asuman la pérdida. Buena parte de la deuda de los estados europeos, de las empresas y de las personas, no es pagable.
Nadie quiere perder y unos a otros se echan la deuda como “una papa hirviendo”. Las empresas y los individuos tienen deudas y sus acreedores quieren que éstas sean garantizadas por el Estado. Los  Estados tenían viejas deudas muy grandes y además, han comprado y garantizado deudas mucho más allá de sus posibilidades. Ahora los Estados buscan que el Banco Central Europeo compre todos esos títulos basura o intentan crear  instancias supranacionales como el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera.
Hay que señalarlo, no estamos ante un nuevo hecho económico ya que es algo que se ha repetido después de siglos. Primero, hay una burbuja, en ella se especula y se crean muchos documentos de deuda. Durante la burbuja todo funciona bien, ya que la misma burbuja crea el dinero para pagar los documentos de deuda y así, la fiesta sigue. Cuando se rompe la burbuja pasa lo contrario, ya no se tiene dinero para pagar la deuda  y además, los documentos de que se disponía como colaterales y como base de la riqueza pues se devalúan. Por otra parte, muchos actores buscan vender sus documentos para hacer frente a sus deudas pero, como muchos lo hacen al mismo tiempo, todos estos documentos tienden a devaluarse y sobreviene forzosamente una crisis de pagos. Luego viene el estire y afloje, unos a otros se echan la papa caliente y todos buscan a papá gobierno para que los salve. El gobierno suele intervenir pero adquiere deudas fuertes y por eso disminuye sus gastos, principalmente los sociales y por eso pagan los pobres que nada debían. Además, las empresas (productivas, de servicios y bancarias o financieras) corren personal y bajan salarios. Así, el problema de la deuda se transforma en un caso de distribución del ingreso y el costo va, en buena medida, para el grueso de la población. Esto ha sucedido muchas veces, por eso un analista como Michel Aglietta, califica a estos procesos como de violencia monetaria, ya que se trata de una auténtica violencia ejercida sobre la población por medio de medidas monetarias.
El hecho es que hoy existen tres grandes tipos de dinero. Primero, el dinero nacional emitido por los bancos centrales. Segundo, el dinero que emiten los bancos y que circula en forma de chequeras y tarjetas. Y tercero, todos los documentos de deuda y acciones que circulan en el mercado bursátil y financiero. Este último es un cuasi-dinero puesto que se puede vender con mucha rapidez y por ende, tienen mucha liquidez. El dinero clave fue hace muchos años el dinero nacional, luego lo fue el dinero bancario y ahora el esencial y con mucho, lo es el dinero financiero. Los bancos centrales ya no definen nada de la oferta monetaria. El dinero nacional es un documento de deuda de la nación con la persona que lo posee, ya que con él puede comprar lo que quiera y pagar lo que quiera. El segundo es una deuda asumida por los bancos, ya que el banco debe cubrir el cheque emitido o la tarjeta; es deuda bancaria. El tercero es deuda financiera.
Hay que recordar los tres tipos de dinero son documentos de deuda que sólo representan “promesas de pago” y nada más. Vivimos una crisis de promesas de pago, y el problema  es ¿Quién las va a pagar?  Nadie quiere pagarlas y todos esperan recuperar el valor de sus títulos de deuda y mientras eso sucede, el desempleo aumenta, los salarios bajan y la deuda se trata de trasladar o bien hacia la población en general o bien a las generaciones futuras.
Se debe reconocer que estas promesas de pago ya están  sin valor o con menos valor del nominal y que banqueros y empresarios que jugaron mal deben de pagar. El Estado debe impulsar el empleo y la inversión productiva y no pagar los platos rotos de un sistema enfermo.

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