miércoles, 13 de enero de 2010

La devaluación en Venezuela y los problemas del banco central de Argentina

ARTURO HUERTA GONZÁLEZ
LaJornada de Oriente 13/01/10
El presidente Chávez anunció el viernes pasado la devaluación de la moneda de Venezuela, y colocó un régimen dual de paridades. Se pasa de 2.15 bolívares por dólar, a 2.60 para las importaciones de alimentos, medicinas, y maquinaria y equipo.
Y se fija otra paridad de 4.60 bolívares por dólar para el resto de los productos importados no prioritarios.
La paridad bolivar–dólar no se movía desde 2005. No se había ajustado al diferencial de precios entre Venezuela y Estados Unidos, lo que había restado competitividad a los productos de dicho país, en relación a los productos importados, lo que afectaba el proceso de industrialización, como la producción agrícola.
A pesar del crecimiento de importaciones baratas, ello no afectaba la balanza de comercio exterior, dado el gran crecimiento de las exportaciones petroleras que tal país realiza.
Pero gran parte de los dólares obtenidos por las exportaciones de petróleo se reciclaban al exterior por la vía del gran crecimiento de importaciones, y no a favor del desarrollo productivo no petrolero. A ello le acompañaba la fuga de capitales que se venía realizando (no obstante el control de cambios) por parte de los dueños del dinero, que preferían realizar inversiones fuera del país, que internamente, sobre todo por factores políticos en contra del gobierno de Chávez.
Ante la caída del precio del petróleo y de las exportaciones, se redujeron significativamente los ingresos al gobierno de dicho país, que llevó a frenar el dinamismo que venía teniendo en los años anteriores. En 2006 crecieron en 9.8 por ciento, en 2007 al 8.1 por ciento, en 2008 en 4.8 por ciento y en el 2009 tendrán una caída del PIB alrededor del 2.9 por ciento. De ahí que para poder flexibilizar la política económica para retomar el dinamismo económico, el gobierno procedió a devaluar su moneda, lo que implicará mayores recursos presupuestales, pues el dólar proveniente de las exportaciones petroleras tendrá un valor de 4.60 bolívares, lo que le permitirá incrementar el gasto público, así como instrumentar políticas industriales para avanzar en la sustitución de importaciones, tanto industriales, como agrícolas.
De hecho, en el anuncio de la devaluación, se dijo que se establecerían fondos de inversión a favor del impulso de la esfera productiva.
La corrección de precios relativos (internos versus los del exterior) es una política importante para reorientar la inversión a favor de producir internamente los bienes que se venían importando, pues ahora resultarán más caros, lo que favorece su producción interna, así como la generación de empleo.
El impacto inflacionario que puede tener inicialmente dicha medida, será reducido conforme aumente la productividad y la producción nacional, lo que redituará en menores costos, menores presiones inflacionarias, así como mayores ingresos para empresas e individuos.
Tal país cuenta con reservas internacionales, grandes reservas petroleras y un superávit de comercio exterior, que le da potencial de crecimiento.
En el caso de Argentina, la presidente Cristina Fernández de Kirchner, a través de un decreto quiere destituir al presidente de su banco central por negarse a transferir al gobierno 6 500 millones de dólares, para que éste pueda cubrir parte de su deuda externa y lograr un refinanciamiento a la misma, en mejores términos que el mercado; sin embargo, la autoridad del banco central se ha negado, diciendo que esos recursos son para salvaguardar la estabilidad de la moneda.
De hecho, no es que el banco central se oponga a que se pague la deuda externa, el problema es que el gobierno, al recurrir a las reservas internacionales para dicho pago, se evita realizar ajustes fiscales para el pago de la misma, y es lo que no quiere el presidente del banco central, ni la mayoría del congreso que ahora está controlada por la oposición.
No quieren facilitarle la tarea al gobierno, y para que éste siga ampliando el gasto público, al cual el banco central se opone, pues dice que eso dispararía la inflación.
Es un conflicto de poderes, no es un problema de que uno u otro tengan diferentes proyectos de nación.
Ambos están a favor del capital financiero. Ambos quieren ser bien vistos por ellos, a fin de obtener buenas calificaciones en los mercados financieros internacionales. El problema es que la mayoría del congreso, que apoya al presidente del banco central quieren complicarle y dificultarle la gestión al gobierno de Cristina Fernández.
Al no aprobarle la transferencia por 6500 millones de dólares para dicho pago, tendría que restringir el gasto e incrementar impuestos para obtener el ahorro gubernamental necesario para el pago de la deuda.
La presidente de Argentina ha dicho que recurrir a más deuda para pagar deuda, implicaría pagar una tasa de interés mayor a la que se obtiene del rendimiento que se deriva de las reservas internacionales, y ello presionaría sobre las finanzas públicas, lo cual quiere evitar.
Tal pugna de poderes no ha tenido repercusiones sobre la paridad cambiaria, ni fuertes alteraciones en el mercado de capitales de tal país, y en cambio se depreció en 9 por ciento en tres días la deuda pública, justo ante los problemas de la forma de pago.
Condiciones de pago tiene tal país, dadas sus grandes reservas internacionales, y su superávit de comercio exterior, por lo que no se avizoran mayores problemas como resultado de dicha disputa entre la presidente de Argentina, con el presidente del banco central.

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