miércoles, 28 de septiembre de 2011

ASÍ VAMOS… LAS TRIBULACIONES DEL PESO MEXICANO

Juan Castaingts Teillery    
Profesor investigador UAM-I
En las semanas pasadas vivimos las tribulaciones (tormentos, adversidades, mortificaciones) del peso mexicano. Creo que fueron vividas con demasiado escozor por una buena parte de los mexicanos.
            Lo hemos dicho en muchos “Así Vamos…” la peor política monetaria que puede haber es sobrevalorar una moneda. Primero, hace que la competitividad de la producción nacional sea desfavorable frente a los bienes y servicios extranjeros de importación. Segundo, una moneda sobrevaluada es difícil de defender en caso de turbulencias monetarias. La política monetaria adecuada para un país como el nuestro, es mantener una razonable subvaluación. Sin embargo, desde hace mucho tiempo que el Banxico sigue terco en sostener una política de sobrevaluación del peso. Justifica esta política señalando que es un mecanismo útil para el control de la inflación.
            Es cierto que la sobrevaluación ayuda a controlar la inflación. Pero, ¿A qué costo? Además, se impulsa el estancamiento y se desfavorece la competitividad de los bienes y servicios producidos en México, razón por la cual los empresarios, para mantener su competitividad y ganancias, presionan los salarios a la baja con lo cual se empobrece la población y se estanca el mercado interno. Lo peor es que mantener la sobrevaluación para luchar contra una inflación posible en tiempos en que las presiones son en términos de deflación (caída de precios), es una aberración, una estulticia. Pero esa es la política que siguen nuestros inteligentes del Banxico y de la Secretaría de Hacienda, siendo estos dos organismos los responsables del tipo de cambio.
            En fin, estamos en tiempos confusos y volátiles en materia financiera internacional y México no puede estar al margen. Algunos vientos huracanados nos llegaron. Es cierto que el peso no debe estar sobrevaluado pero también es cierto que, dejar caer el peso rápida y abruptamente, es otra tontería ya que la caída rápida no es neutral pues genera temores que conducen a que muchos inversionistas quieran protegerse y comprar dólares y por esto una caída abrupta crea por sí misma, las condiciones de que el peso siga cayendo. El dólar no es una mercancía como cualquier otra; cuando sube el precio del conjunto de mercancías y servicios, la demanda de éstos tiende a reducirse pero en el dólar, entre más caro esté, más se le desea. Por eso se debe procurar que haya un deslizamiento razonablemente controlado hacia una cotización ligeramente subvaluada.
            El Banxico alega que sigue una política neutral, es decir, que deja que el mercado imponga el tipo de cambio entre el peso y el dólar. Pero entonces, para qué diablos sirve la Comisión de Cambios y para qué demonios sirven las gigantescas cantidades de divisas que tiene el Banxico y que nos cuestan una fortuna. Si la política es neutral y es la de no intervenir, entonces nulifica la función de las reservas y al mismo Banxico. Si no interviene en el mercado de cambios ¿Para qué sirve el Banxico?  Qué carambas quiere decir eso de estamos blindados. Mal por mantener un peso sobrevaluado y mal por dejarlo caer abruptamente.
            Además, la estabilidad del peso no depende del Banxico sino de otros factores que le son ajenos. La estabilidad del peso proviene de que nuestro país tiene fuentes de entrada de divisas muy fuertes: remesa de divisas, petróleo, turismo, transacciones fronterizas y las entradas de narcodólares. Quite estas fuentes de entrada de divisas y las llamadas políticas del Banxico se derrumbarían.
            Las importaciones de bienes de consumo han crecido rápidamente en los últimos años y ya es hora de darles un respiro a los productores nacionales por eso, en mi opinión, hay que aprovechar el error del Banxico y dejar que el peso oscile entre los 13:50 y 14 pesos por dólar, ya que en esa banda no se tendrá un impacto fuerte a los precios internos y en cambio sí se les otorgará un fuerte respiro no sólo a los exportadores mexicanos sino que también los productores que venden para el mercado interno tendrán mejores condiciones para competir con los productos importados. Del mal hay que sacar un bien.
            Tómese en cuenta que la mano de obra china ya sólo es un poco más barata que la mexicana. Así, con la nueva tasa de cambio peso-dólar, México vuelve a ser competitivo en el mercado de EU frente a las mercaderías chinas. Si tuviésemos una política industrial adecuada y agresiva podríamos tener crecimiento de exportaciones y una reconstrucción del mercado interno (con aumento de salarios) formidables pero, la nulidad mediocre de nuestros dirigentes no nos permite tal optimismo.

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